Publicidad:
Terra
La Coctelera

SOUS LES PAVÉS, LA PLAGE

3 Mayo 2012

SKINNY LOVE

El primer amor es siempre especial. Cuando amas a alguien por primera vez todo es nuevo: no hay recuerdos, no hay miedos o experiencias pasadas. No existe la comparación. Y quizás por eso sea inolvidable: marcará el punto de inflexión. Nunca volverás a amar a alguien pintando en una página en blanco. Nunca escucharás su nombre sin recordarlo. Ciertas canciones, ciertas películas, ciertos olores.

Sus libros preferidos siempre habían hablado de ese tipo de amor pero ella nunca llegó a imaginar que fuera así. Nunca hubiera podido imaginar abrigar sentimientos en algún lugar de las profundidades de su pecho. Tampoco hubiera podido imaginar que, a veces, la tristeza es tan profunda que no aflora en lágrimas sino que duele, que nos inmoviliza. Que el corazón puede latir tan rápido.

Es curioso -pensó para sí- Pensaba que lo había olvidado. Que era un sentimiento muerto.

Habían pasado años desde la última vez que lo vio. Probablemente meses desde la última vez que le dedicó un mero pensamiento, un asomo de recuerdo. Ahora, en su nuevo piso en Madrid, en su nueva vida, sentada en el sofá y esperando a su nuevo novio, una canción más que conocida inundó la estancia. Cerró los ojos, se relajó. Sonrió para sí. Y los recuerdos afloraron.

Y ya no estaba en Madrid, sino en la playa. Tenía 16 años y nunca había antes había estado enamorada. El sol calentaba su cuerpo y su alma. Conversaciones, sentados en la arena. Leer a Nietzsche o hablar sobre música. Su coche. La marihuana. Su primer beso, salado ante la puesta de sol. Nunca una puesta de sol volvería a ser lo mismo.

Aquella mañana de lluvia y mar encabritado. Temprano, muy temprano. Y ella entre las olas, sintiendo su mirada fija en ella, sabiéndose observada: deseada. Él, de pie, una figura solitaria en medio de la arena. El viento frío y arremolinado entre ellos cuando se abrazaron por primera vez.

Los recuerdos pasaban como flashes en su mente. De un mes a otro. De un día al anterior y de vuelta al futuro, imágenes de una vida anterior, y aún tan presente. Volaba.

I told you to be patient I told you to be fine
I told you to be balanced I told you to be kind

Aquella noche en de Velvet. Sus primeras experiencias con el alcohol, que también serían sus primeras experiencias con el sexo. La locura y la ingravidez de lo incorrecto. De lo no adecuado. De la VIDA.

Aquel día que fueron a escalar. Cuando, desde lo alto de la montaña, su primera montaña, sintió que podía morir, que había alcanzado cuanto podía desear en la vida. Solo tenía 17 años.

Lo mantenían en secreto. Un secreto que para ella era una droga. En aquella época adelgazó mucho. Las mentiras le daban un extra de energía. El escapar de casa para verle. El aparentar ser alguien que no era. La confusión entre la realidad y la fantasía. Los sueños: en aquella época soñaba mucho, dormía poco y sentía fatiga con solo oler a comida. Solo la locura de su obsesión, solo el amor le daba vida.

La melodía le llevaba a recordar su tacto y su voz entrecortada. Su sudor. Su olor. Sus caricias. En una casa en lo alto de una montaña perdida. En un sofá de donde no salían en días.

Los sueños frustrados por la utopía. Por la recreación de un mundo idílico que no existe más que en nuestras mentes.
Una lágrima rodó por su mejilla al recordar aquel día en que se decidió a dejarle. Aquel día no habría lágrimas en sí, solo decisión. ¿Cómo lágrimas? Todas esas conversaciones no habladas. Todas esas palabras no dichas. El silencio acabaría por convertirse en su lugar de encuentro. El no ser capaz de expresarse. El sentirse atrapada en un amor que la callaba. El adoptar un rol que nunca la abandonaría. El mirarle y sentir que no se conocían. Y recurrir al silencio. A no decir TE QUIERO de una vez por todas. ¿Cómo lágrimas cuando no había palabras? Aquel día nadaría por horas en un mar agitado. A lo mejor así su alma se llenaba de una pureza perdida ya para siempre.

Who will love you? who will fight?
And who will fall, far behind?

La incertidumbre.

Los recuerdos.

La soledad.

Su mirada.

Sus ojos.

Su voz.

Y volverían a intentar a verse años después. Como amigos. Porque, ante todo, siempre habían sido buenos amigos ¿verdad? Y se acostarían de nuevo y ella recurriría al silencio, ese lugar tan conocido. Y se odiaría por ello. Porque ella ya no era la misma. Nunca volvería a tener 16 años y nunca volvería a amarle. El mismo tacto, las mismas miradas, la misma tristeza de dos personas que no saben amarse sin dolor. Y, sin embargo, aquel último atardecer en la playa. Que ya sería para siempre. Y por saber que sería el último sería especial. Y las luces se irían apagando, el color dorado del cielo se tornaría anaranjado para dar paso a una noche clara sin luna ni estrellas. Una llama que se apaga, un calor que se enfría.

La melodía fue desapareciendo para dar paso al silencio. Los recuerdos se apagaron como una llama sin mecha.

 

servido por carmen sin comentarios compártelo

14 Abril 2012

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí

Escuchando: Eddie Vedder (Ukelele songs)

CUANDO DESPERTÓ, EL DINOSAURIO TODAVÍA ESTABA ALLÍ
Era un dinosaurio muy muy grande, que la miraba fijamente desde los pies de la cama. Sus ojos ámbar no parecían pestañear. Su cuerpo estaba completamente inmóvil pero ella sabía que el dinosaurio la acechaba. Su piel, escamosa como es propio de estos antiguos animales, relucía con un precioso color verde azulado. Su actitud era, sin embargo, desafiante. Al despertar, descubrió que el dinosaurio había pasado allí toda la noche, a su lado, esperando a que despertara para volver a asaltarla, con esa piel hipnotizadora que no la dejaba pensar en otra cosa. Se levantó y se miró frente al espejo de cuerpo entero que colgaba del interior de su armario. El dinosaurio seguía allí. Fue al cuarto de baño y se lavó la cara. Se preparó el desayuno. Y el dinosaurio se tomó su desayuno con ella sin dejar de observarla. No iba a desaparecer fácilmente y ella lo sabía.

Quizás fue durante su adolescencia que empezó a asociar sus problemas con dinosaurios. Cada nuevo problema era un nuevo dinosaurio. Todos ellos de diferentes formas y colores. Cada uno de un tamaño acorde con sus preocupaciones. Pero si fue durante su adolescencia que adquirió este hábito, no fue sino porque hasta entonces nunca había tenido preocupaciones reales. Como aquella vez que la regla se le retrasó dos semanas o cuando su abuelo estuvo hospitalizado durante días con una pulmonía. Recordaba especialmente bien el dinosaurio que la estuvo acechando durante semanas cuando su primer novio la dejó por su mejor amiga. Era un dinosaurio color púrpura, extrañamente pequeño. Tenía el cuello ancho y carecía de garras. Era un dinosaurio tristón que la abrazaba por las noches y lloraba con ella.

Nunca jamás entendió esta extraña asociación. ¿Algún cuento de la infancia? ¿Alguna historia de cuentacuentos? Era incapaz de recordar nada que la hubiera llevado a esa extraña conexión mental. Además, era algo tan personal que nunca se había atrevido a compartirlo con nadie. A veces se preguntaba si sería la única o si habría más personas que, como ella, relacionaban los problemas con dinosaurios, o, más generalmente, con animales, flores o cualquier otra forma y que, como ella, se avergonzaban demasiado para confesarlo. Nunca lo sabría ya que nunca se atrevería a preguntar.

Sin embargo, esa mañana era incapaz de pensar el ello. De hecho, era incapaz de pensar en nada que no fuera el dinosaurio verde azulado. Lo cierto es que sí, al despertar, el dinosaurio todavía estaba allí. En ningún momento quiso pensar que pudiera ser diferente pero no había podido evitar el fantasear con la idea de que, al despertar, todo fuera distinto. De que la noche anterior no lo hubiera perdido todo en una de sus míticas borracheras. Pero ahora, despierta y a la luz del nuevo día era consciente de que sus cosas no iban a aparecer, al igual que el dinosaurio no desaparecería. Durante varios días, al despertar, el dinosaurio todavía estuvo allí.

servido por carmen sin comentarios compártelo

8 Marzo 2012

THE SECRET’S GUARDIAN.

BSO: Glen Hansard

Hoy no he podido evitar el pararme a reflexionar sobre los secretos. Verás, debo reconocer que siempre he sentido cierta curiosidad por ellos. Esas verdades escondidas que todos quieren saber pero que nadie quiere contar. Los secretos. La palabra en sí misma puede crear expectación; temor y recelo si se trata de un secreto oscuro e indeseable. Y es que, en el fondo, por mucho que estén escondidos en lo más recóndito de nuestra alma y que solo pocas personas los custodien del resto, es imposible olvidarse del hecho de que existen, de que están ahí, palpitantes, esperando el momento de salir a la luz, esperando el momento de ser revelados.

Y sí, hoy no he podido evitar el pararme a reflexionar sobre los secretos. Pero, no por esa curiosidad que me producen. Lejos de esto, la reflexión ha venido a mí, digamos, por casualidad. Y sí, digamos que mi amiga me ha contado un secreto. Un secreto que escondía en sí mismo muchos otros secretos.

Pero, antes de nada, permíteme distinguir entre dos tipos de secretos. Por una parte tenemos esos secretos que todos desean conocer, esos secretos que nos hacen sonreír con complicidad, que nos unen a sus dueños y creadores. Esos secretos no tardan en expandirse, normalmente con buenas y triviales consecuencias. No son trascendentes y, no en mucho tiempo dejan de ser secretos para convertirse en inocente cotilleo. Pero claro, también existen esos otros secretos. Esos otros secretos son oscuros y para nada agradables. Nadie desea conocer esos otros secretos. Nos entristecen y nos separan de sus portadores. Las consecuencias de esos otros secretos son devastadoras. Estos otros secretos pueden vivir generaciones como secretos, sin nunca salir a la luz completamente, perviviendo como alimañas que se alimentan del alma de aquellos que los poseen.

Pues bien, el secreto que mi amiga ha decidido compartir conmigo era uno de estos otros secretos. Porque si una cosa tienen estos otros secretos es que a veces necesitan ser contados, de manera que el peso deja de recaer en su antiguo portador para, directa y cruelmente alimentarse de su nueva víctima. Y sí, en cierto modo, eso era exactamente lo que quería compartir contigo, mi condición de víctima.

Los secretos son misteriosos, se esconden entre los pensamientos y siempre nos acompañan: incluso cuando creemos que lo hemos olvidado, cualquier situación nos lleva al recuerdo. Los secretos pasan a formar parte de nosotros mismos.

Pero, ¿qué hacer con esos otros secretos? ¿Qué hacer con los secretos tristes y desalentadores? Y podemos decir que en este punto está la vorágine de mi reflexión: las realidades de otros, tristes o alegres no nos pertenecen. Sin embargo, cualquier persona X, al hacerte partícipe de su secreto, de hace pasar a portador. Te conviertes en un guardián de secretos y, su secreto te pertenece.

Y bueno, como decía al principio de esta reflexión, mi amiga hoy me ha contado un secreto. Un secreto que escondía en sí mismo muchos otros secretos. Te lo contaría pero, entonces dejaría de ser un secreto. Quizás algún otro día.

servido por carmen sin comentarios compártelo

24 Enero 2012

En cherchent le BONHEUR

¿Cómo saber si somos optimistas o no? ¿Bastará con colocarnos frente a un vaso medio lleno, que al mismo tiempo está medio vacío, y tratar de encontrar la respuesta a esta pregunta vital? Aquí dejo un ejercicio más entretenido, para una de esas tardes lluviosas en casa, una de esas tardes donde el trabajo acumulado parece aún menos atractivo que de costumbre. Una tarde como la de hoy en mi pequeña habitación en Londres. Al menos aún no ha oscurecido.

Y allá va el ejercicio. Debemos coger un folio en blanco y escribir con letras mayúsculas y bien claras: Optimismo. En la otra cara del folio deberemos hacer lo mismo pero con la palabra Pesimismo. Y ahora viene la mejor parte: rellenar ambas carillas con todas palabras relacionadas a estas dos primeras como se nos ocurran.

Se recomiendan dos cosas: en primer lugar, tómate tu tiempo. Seguro que se te van a ocurrir cosas que nunca hubieras imaginado que podías pensar. En segundo lugar, se recomienda completar las "listas" en orden y no saltar de una a la otra ya que un pensamiento conducirá probablemente al siguiente. Sin embargo, está permitido volver a la lista anterior si hemos olvidado alguna palabra que viene más tarde a nuestra mente.
En último lugar debemos contar las palabras de ambas listas y ver cual de las dos es más larga. Así pues, somos optimistas si esta lista es más larga, mientras que somos pesimistas en el caso contrario. Si entre las dos listas solo hay una diferencia de cinco palabras o menos, podremos opinar que somos más bien realistas.

Y... Aquí van mis listas:

Optimismo:

Alegría, placer, sonreír, reír, abrazar, besar, amar, comer, rezar, creer, ocio, autosuperación, tocar, sentir, acariciar, pensar, reflexionar, yoga, relajación, meditación, felicidad, crecimiento, nacer, susurrar, paz, playa, diversión, naturaleza, mar, infinito, aprender, crecer, agua, vida, abundancia, amanecer, creación, imaginación, trabajo, posibilidades, suerte, búsqueda, encuentro, realización, autorealización, futuro, presente, carpe diem, literatura, arte, música, sensaciones, contacto, viajar, conformismo, afinidades, comunicación, avances, adrenalina, movimiento, idealismo, lucha, regalar, enamorarse, restaurarse, disfrutar, experimentar, cumplir años, complicidad, madurez, agradable, amable, olores, asentir, gritar, SI, verdad, subjetividad, empatía, simpatía, tolerancia, sobrevivir, recuperarse, espíritu, alma, corazón, mente, abertura, sol, fuente, recursos naturales, fidelidad, diversidad, diferencia, multiculturalismo, calidez, traspaso, floración, energía, transformación, reavivar, soñar, idea, meta, objetivo, igualdad, milagro, mejorar, simbología, relaciones, carisma, fenómeno, conseguir, refugio, recolección, recuerdos, recoveco, humor.

Resultado (nº de palabras optimistas): 121

Pesimismo:

Rechazo, miedo, temor, llorar, gemir, tristeza, melancolía, nostalgia, muerte, duelo, negro, materialismo, superficialidad, timidez, imposibilidad, impotencia, pobreza, hambruna, guerra, gris, polvo, sequía, ausencia, separación, limitación, neblina, ruina, fracaso, estar estancado, pérdida, echar de menos, añoranza, dolor, enfermedad, destrucción, desaparición, deforestación, egoísmo, traición, robar, crimen, asesinato, vergüenza, renegar, negar, NO, depresión, privación, necesidad, intolerancia, racismo, xenofobia, fobias, oscuridad, pesimismo, humildad, desgracia, infelicidad, rebelión, disparo, estrechez, laberinto, sombrío, frío, crueldad, frialdad, apatía, odio, detestar, desolación, vagar, retroceder, lágrimas, desigualdad, jerarquía, superior, inferioridad, fealdad, grosero, desagradable, maleducado, degeneración, copiar, empeorar, hundirse, ahogarse, suicidio, matarse, ejército, armas, bombas, desesperación, soledad, olvido, barreras, fronteras, ruindad, crítica, prejuicios.

Resultado (nº de palabras pesimistas): 102

servido por carmen sin comentarios compártelo

19 Enero 2012

Columbia Road

BSO: Bon Iver

Sin saber muy bien hacia donde dirigir sus acelerados pasos, él la buscaba a ella. No caminaba con los pies, ni con las piernas, sino con el pulso constante de su corazón. Caminaba con el sol de cara, templando su cuerpo. Nunca nada le había parecido tan agradable.

A sus lados el mercado de las flores de Columbia Road enardecía de vida. A su derecha un cuarteto de músicos tocaba al ritmo del rock and roll con un bajo, un par de guitarras y un solista. El olor de las flores se elevaba hacía un cielo azul infinito, tan solo manchado aquí y allá por unas claras nubes. A través del cristal de sus gafas de sol, el mundo parecía tener un filtro antiguo, sepia. El sol le impedía reconocer demasiado. Margaritas, orquídeas, cactus. A su derecha una cafetería que desprendía un maravilloso y reconfortante olor a café, la bebida perfecta para un sábado a las cuatro de la tarde de un frío día de enero.

Acababa de alcanzar la mitad de la calle y casi había olvidado lo que le había empujado a salir de casa aquel día. El corazón volvía a latirle y ahora ya no podía concentrar su atención en aquellos placeres que unos segundos antes le habían hecho sentir tan vivo. Ahora se sentía aún más parte del mundo, pero en otro sentido. Miraba rápidamente todas las caras con las que se iba cruzando intentando encontrar la suya, intentando cruzar su mirada con sus profundos ojos verdes. Buscaba su pelo, su liso pelo rubio, probablemente cubierto por su gorro preferido de color rojo fuerte. La buscaba pero no la encontraba. Ya no escuchaba nada, solo los latinos de su propio y acelerado corazón. Su mente trataba de encontrar respuesta a la pregunta más obvia: ¿Cómo saludarla? Porque, ¿seguirían las cosas igual?, ¿seguiría enamorada de él o habría encontrado a alguien más? Después de dos meses separados y sin apenas comunicación, todo le parecía posible. Tanto el amor como su ausencia.

En aquel momento un rayo de sol le cegó completamente, y no fue hasta recuperar la visión que la encontró a unos metros frente a él. Parada y observándole. Sonriéndole. Invitándole a acercarse. Con sus ojos verdes y su pelo rubio cubierto por un gorro de color rojo fuerte. Seguía igual, como si aquellos dos meses no fuesen más que dos días, quizás dos horas. El mundo se había parado antes sus ojos y ya no estaban más que ellos dos. Él corriendo hacía a ella, rodeándola con sus brazos y hundiendo su cabeza en su cuello. Alzándola al aire para dar una, dos, tres vueltas de felicidad. Besándola.

Y la vuelta de todos los sentidos de una vez. El olor a las flores, al café de un frío sábado por la tarde. El barullo de decenas de personas, el sonido de diferentes idiomas luchando por abrirse paso. La templanza del sol invernal. El lejano ritmo del rock and roll. Sus palabras pronunciadas suavemente en su oído, como una melodía olvidada largo tiempo atrás: Te estaba esperando.

servido por carmen sin comentarios compártelo

7 Enero 2012

Michicant

BSO: Bon Iver

Libertad, bullicio. La placida soledad de estar a gusto contigo mismo mientras a tu alrededor el resto grita y da brincos de alegría. O de tristeza. El no hacer nada más que disfrutar, sintiendo un vacío en el pecho que en realidad no es más que un sentimiento que nos llena de vida. Porque ese vacío no es más que la plenitud de sabernos felices. El no hacer más que disfrutar, pero sintiendo una sonrisa interior tan grande como para eclipsar el mundo entero. La capacidad de gritar y dar palmar y bailar, pero calladamente. El saber que nadie es consciente de tu estado de plenitud más que tú mismo. El dejarse llevar e inventar un mundo mejor, pero solo por vicio porque en realidad estás enamorado del mundo en el que vives: de un pájaro que pía, del sol al ponerse, de una flor al abrirse, de la sonrisa del ser querido. Porque a veces nos empeñamos en querer en exclusividad sin ser capaces de comprender que eso es imposible, que todos estamos interrelacionados y el amar a alguien significa amar al prójimo sin más. Con preferencias claro. Porque yo te prefiero a ti.

Alegría, despertar a un mundo mucho más lleno de posibilidades de lo que la gente es capaz de apreciar. La posibilidad de amar y de ser amado. De ser feliz pero también de hacer felicidad. La posibilidad de estudiar, trabajar, viajar, leer, ver amigos, ir al cine o cocinar. La posibilidad de dormir durante el día y salir de noche, o lo contrario. La posibilidad de plantearse porqué la sociedad nos impone qué pensar y cuándo e incluso cómo. El plantearse cómo puede la sociedad imponernos un modo de vida: nuestros padres se casaban con 19 años, si nosotros nos casamos con 19 años estamos locos. No dejarnos elegir un modo de vida sin críticas ni prejuicios. Una forma más de tratar de complicar las cosas para que la verdadera felicidad esté aún más alejada del alcance de nuestra mano.

Pero volvamos a la alegría, al mundo de posibilidades y a la libertad. Al bullicio y a la soledad. Al disfrutar y hacer disfrutar con un carácter excepcional y un optimismo deslumbrantes. Con una sonrisa y serenidad internas que aplacan el mundo, pero sintiendo el cosquilleo de la ilusión por todo aquello que el mundo quiera ofrecernos: la naturaleza, la mente y conciencia, el libre albedrío. Volvamos a todo esto porque lo único que yo quería decir es que todo esto es lo que siento, en una decima de segundo, no más, cada vez que te veo y tú me ves. Y eso es todo lo que quería decir. Que a lo mejor esto sea el estar enamorado.

servido por carmen sin comentarios compártelo

26 Noviembre 2011

Memories

Escuchando: Regina Spektor

Lloraba mientras esperaba el tren de regreso. Tras cinco años, aquella fría tarde de enero el destino había decidido devolverla a casa. Lloraba, reía de alivio.

Casi podía oler la esencia de canela que su abuela utilizaba para los pasteles. Las flores en la ventana. El ruido del tráfico que rodeaba la casa. Las tardes en el porche, a la luz de las velas, leyendo poesía, exponiendo teorías filosóficas. Casi podía volver a ver su cara. Si cerraba los ojos muy profundamente, sentía que podía tocarlo, sentirlo junto a ella. Por la noche, cuando despertaba sola en una cama vacía, le parecía sentirlo a su lado, sin tocarla. Casi le parecía escuchar su respiración profunda.

Ahora al fin volvía. A la cocina con olor canela, a las flores en la ventana. Ahora volvería a escuchar el tráfico y a pasar las tardes, leyendo y filosofeando a la luz de las velas mientras poco a poco anochecía más allá de su horizonte. Ahora ya nunca más tendría que cerrar los ojos para ver su rostro. No tendría que imaginar su respiración más.

Volvería al pasado de una cálida mañana de verano. Con él. Siempre con él. Volvería al olor, sabor, tacto del pasado.

servido por carmen sin comentarios compártelo

20 Diciembre 2010

Dentro de siete años...

Me veo a mi misma: vivo sola en un ático con grandes ventanales. La luz lo inunda todo. Vivo sola y soy feliz. Mi compañero más fiel es Lucca, un gran animal de pelaje color canela: mi perro.

Algunas noches comparto cama con mi maravilloso novio (hace ya muchos años que estamos juntos y la rutina nos relaja y nos hace estar bien en compañía). Otras noches duermo sola y mi pequeño cuerpo lo ocupa todo, dando vueltas en la cama de un lado a otro. Es una buena vida esta.

En verano se suceden las salidas, los viajes y escapadas al norte, a lugares con temperaturas más bajas que en Sevilla, la ciudad donde vivo. En invierno solo me apetece estar en casa, cubierta con un manta gorda y leer un buen libro. No salir en todo el día más que pasear a Lucca.

Mi vida profesional me deja tiempo para disfrutar de mi vida personal y eso es lo que hago: pasear por el río o salir a patinar los domingos. Ir al cine y pasear de la mano.

Sigo estudiando idiomas, italiano o alemán probablemente, pero ya no me lo tomo tan en serio. Hago yoga y meditación todos los días y llevo una vida, dentro de lo posible hoy en día: sana. No fumo ni bebo (aquellas noches de borrachera quedaron largo tiempo atrás) Claro que los fines de semana siempre esta bien salir y mover el esqueleto. O ir a comer a un restaurante caro. Tampoco faltan los fines de semana de scouts, ni algún que otro concierto de vez en cuando.

Me veo a mi misma: estoy escribiendo una novela. Por las tardes doy un curso de fotografía y me instruyo en el arte de crear. Me cocino todos los días (¡Al fin aprendí!) y hago la compra una vez a la semana.

Veo la lluvia caer pero también el sol alto en el cielo. Si. Me veo a mi misma: soy feliz. Y tú estás conmigo.

____________________________________________________________________

Nos imagino a los dos. Vivimos en un piso vacío: solo un colchón en medio de la nada. Allí dormimos y hacemos el amor.

hay grandes ventanas: siempre grandes ventanas. Estamos ahí: con lluvia, con sol. Como aquellos Beattles en su Octupus's Garden. No tenemos dudas ni preocupaciones. Ni nadie que nos diga lo que tenemos que hacer. Solos: tú y yo. ¿No lo imaginas?

Las paredes vacías. Sin muebles. Sin ropajes tras los que escondernos.

Debemos buscar solo aquello que de verdad nos guste. Algo con historia y significado. Crear nuestro hogar será crear nuestra vida desde la cima. Lo que somos y lo que queremos ser. Soñar. Tal y como hemos hecho siempre. Pintar una habitación de rojo. Abrazarte y crear un Van Gogh enorme.

Una cómoda aquí, una fotografía allá.

La magia infantil comienza a desaparecer, reemplazada por los besos que nos damos, por los recuerdos de una vida juntos. Retazos de una gran manta de patchwork. Te quiero. ¿Lo sientes?

servido por carmen sin comentarios compártelo


Sobre mí

Avatar de carmen

SOUS LES PAVÉS, LA PLAGE

sevilla, España
ver perfil »
contacto »

Últimos comentarios

Fotos

carmen arjona ruiz todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera