24 Enero 2012
¿Cómo saber si somos optimistas o no? ¿Bastará con colocarnos frente a un vaso medio lleno, que al mismo tiempo está medio vacío, y tratar de encontrar la respuesta a esta pregunta vital? Aquí dejo un ejercicio más entretenido, para una de esas tardes lluviosas en casa, una de esas tardes donde el trabajo acumulado parece aún menos atractivo que de costumbre. Una tarde como la de hoy en mi pequeña habitación en Londres. Al menos aún no ha oscurecido.
Y allá va el ejercicio. Debemos coger un folio en blanco y escribir con letras mayúsculas y bien claras: Optimismo. En la otra cara del folio deberemos hacer lo mismo pero con la palabra Pesimismo. Y ahora viene la mejor parte: rellenar ambas carillas con todas palabras relacionadas a estas dos primeras como se nos ocurran.
Se recomiendan dos cosas: en primer lugar, tómate tu tiempo. Seguro que se te van a ocurrir cosas que nunca hubieras imaginado que podías pensar. En segundo lugar, se recomienda completar las "listas" en orden y no saltar de una a la otra ya que un pensamiento conducirá probablemente al siguiente. Sin embargo, está permitido volver a la lista anterior si hemos olvidado alguna palabra que viene más tarde a nuestra mente.
En último lugar debemos contar las palabras de ambas listas y ver cual de las dos es más larga. Así pues, somos optimistas si esta lista es más larga, mientras que somos pesimistas en el caso contrario. Si entre las dos listas solo hay una diferencia de cinco palabras o menos, podremos opinar que somos más bien realistas.
Y... Aquí van mis listas:
Optimismo:
Alegría, placer, sonreír, reír, abrazar, besar, amar, comer, rezar, creer, ocio, autosuperación, tocar, sentir, acariciar, pensar, reflexionar, yoga, relajación, meditación, felicidad, crecimiento, nacer, susurrar, paz, playa, diversión, naturaleza, mar, infinito, aprender, crecer, agua, vida, abundancia, amanecer, creación, imaginación, trabajo, posibilidades, suerte, búsqueda, encuentro, realización, autorealización, futuro, presente, carpe diem, literatura, arte, música, sensaciones, contacto, viajar, conformismo, afinidades, comunicación, avances, adrenalina, movimiento, idealismo, lucha, regalar, enamorarse, restaurarse, disfrutar, experimentar, cumplir años, complicidad, madurez, agradable, amable, olores, asentir, gritar, SI, verdad, subjetividad, empatía, simpatía, tolerancia, sobrevivir, recuperarse, espíritu, alma, corazón, mente, abertura, sol, fuente, recursos naturales, fidelidad, diversidad, diferencia, multiculturalismo, calidez, traspaso, floración, energía, transformación, reavivar, soñar, idea, meta, objetivo, igualdad, milagro, mejorar, simbología, relaciones, carisma, fenómeno, conseguir, refugio, recolección, recuerdos, recoveco, humor.
Resultado (nº de palabras optimistas): 121
Pesimismo:
Rechazo, miedo, temor, llorar, gemir, tristeza, melancolía, nostalgia, muerte, duelo, negro, materialismo, superficialidad, timidez, imposibilidad, impotencia, pobreza, hambruna, guerra, gris, polvo, sequía, ausencia, separación, limitación, neblina, ruina, fracaso, estar estancado, pérdida, echar de menos, añoranza, dolor, enfermedad, destrucción, desaparición, deforestación, egoísmo, traición, robar, crimen, asesinato, vergüenza, renegar, negar, NO, depresión, privación, necesidad, intolerancia, racismo, xenofobia, fobias, oscuridad, pesimismo, humildad, desgracia, infelicidad, rebelión, disparo, estrechez, laberinto, sombrío, frío, crueldad, frialdad, apatía, odio, detestar, desolación, vagar, retroceder, lágrimas, desigualdad, jerarquía, superior, inferioridad, fealdad, grosero, desagradable, maleducado, degeneración, copiar, empeorar, hundirse, ahogarse, suicidio, matarse, ejército, armas, bombas, desesperación, soledad, olvido, barreras, fronteras, ruindad, crítica, prejuicios.
Resultado (nº de palabras pesimistas): 102
servido por carmen
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19 Enero 2012
BSO: Bon Iver
Sin saber muy bien hacia donde dirigir sus acelerados pasos, él la buscaba a ella. No caminaba con los pies, ni con las piernas, sino con el pulso constante de su corazón. Caminaba con el sol de cara, templando su cuerpo. Nunca nada le había parecido tan agradable.
A sus lados el mercado de las flores de Columbia Road enardecía de vida. A su derecha un cuarteto de músicos tocaba al ritmo del rock and roll con un bajo, un par de guitarras y un solista. El olor de las flores se elevaba hacía un cielo azul infinito, tan solo manchado aquí y allá por unas claras nubes. A través del cristal de sus gafas de sol, el mundo parecía tener un filtro antiguo, sepia. El sol le impedía reconocer demasiado. Margaritas, orquídeas, cactus. A su derecha una cafetería que desprendía un maravilloso y reconfortante olor a café, la bebida perfecta para un sábado a las cuatro de la tarde de un frío día de enero.
Acababa de alcanzar la mitad de la calle y casi había olvidado lo que le había empujado a salir de casa aquel día. El corazón volvía a latirle y ahora ya no podía concentrar su atención en aquellos placeres que unos segundos antes le habían hecho sentir tan vivo. Ahora se sentía aún más parte del mundo, pero en otro sentido. Miraba rápidamente todas las caras con las que se iba cruzando intentando encontrar la suya, intentando cruzar su mirada con sus profundos ojos verdes. Buscaba su pelo, su liso pelo rubio, probablemente cubierto por su gorro preferido de color rojo fuerte. La buscaba pero no la encontraba. Ya no escuchaba nada, solo los latinos de su propio y acelerado corazón. Su mente trataba de encontrar respuesta a la pregunta más obvia: ¿Cómo saludarla? Porque, ¿seguirían las cosas igual?, ¿seguiría enamorada de él o habría encontrado a alguien más? Después de dos meses separados y sin apenas comunicación, todo le parecía posible. Tanto el amor como su ausencia.
En aquel momento un rayo de sol le cegó completamente, y no fue hasta recuperar la visión que la encontró a unos metros frente a él. Parada y observándole. Sonriéndole. Invitándole a acercarse. Con sus ojos verdes y su pelo rubio cubierto por un gorro de color rojo fuerte. Seguía igual, como si aquellos dos meses no fuesen más que dos días, quizás dos horas. El mundo se había parado antes sus ojos y ya no estaban más que ellos dos. Él corriendo hacía a ella, rodeándola con sus brazos y hundiendo su cabeza en su cuello. Alzándola al aire para dar una, dos, tres vueltas de felicidad. Besándola.
Y la vuelta de todos los sentidos de una vez. El olor a las flores, al café de un frío sábado por la tarde. El barullo de decenas de personas, el sonido de diferentes idiomas luchando por abrirse paso. La templanza del sol invernal. El lejano ritmo del rock and roll. Sus palabras pronunciadas suavemente en su oído, como una melodía olvidada largo tiempo atrás: Te estaba esperando.
servido por carmen
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7 Enero 2012
BSO: Bon Iver
Libertad, bullicio. La placida soledad de estar a gusto contigo mismo mientras a tu alrededor el resto grita y da brincos de alegría. O de tristeza. El no hacer nada más que disfrutar, sintiendo un vacío en el pecho que en realidad no es más que un sentimiento que nos llena de vida. Porque ese vacío no es más que la plenitud de sabernos felices. El no hacer más que disfrutar, pero sintiendo una sonrisa interior tan grande como para eclipsar el mundo entero. La capacidad de gritar y dar palmar y bailar, pero calladamente. El saber que nadie es consciente de tu estado de plenitud más que tú mismo. El dejarse llevar e inventar un mundo mejor, pero solo por vicio porque en realidad estás enamorado del mundo en el que vives: de un pájaro que pía, del sol al ponerse, de una flor al abrirse, de la sonrisa del ser querido. Porque a veces nos empeñamos en querer en exclusividad sin ser capaces de comprender que eso es imposible, que todos estamos interrelacionados y el amar a alguien significa amar al prójimo sin más. Con preferencias claro. Porque yo te prefiero a ti.
Alegría, despertar a un mundo mucho más lleno de posibilidades de lo que la gente es capaz de apreciar. La posibilidad de amar y de ser amado. De ser feliz pero también de hacer felicidad. La posibilidad de estudiar, trabajar, viajar, leer, ver amigos, ir al cine o cocinar. La posibilidad de dormir durante el día y salir de noche, o lo contrario. La posibilidad de plantearse porqué la sociedad nos impone qué pensar y cuándo e incluso cómo. El plantearse cómo puede la sociedad imponernos un modo de vida: nuestros padres se casaban con 19 años, si nosotros nos casamos con 19 años estamos locos. No dejarnos elegir un modo de vida sin críticas ni prejuicios. Una forma más de tratar de complicar las cosas para que la verdadera felicidad esté aún más alejada del alcance de nuestra mano.
Pero volvamos a la alegría, al mundo de posibilidades y a la libertad. Al bullicio y a la soledad. Al disfrutar y hacer disfrutar con un carácter excepcional y un optimismo deslumbrantes. Con una sonrisa y serenidad internas que aplacan el mundo, pero sintiendo el cosquilleo de la ilusión por todo aquello que el mundo quiera ofrecernos: la naturaleza, la mente y conciencia, el libre albedrío. Volvamos a todo esto porque lo único que yo quería decir es que todo esto es lo que siento, en una decima de segundo, no más, cada vez que te veo y tú me ves. Y eso es todo lo que quería decir. Que a lo mejor esto sea el estar enamorado.
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26 Noviembre 2011
Escuchando: Regina Spektor
Lloraba mientras esperaba el tren de regreso. Tras cinco años, aquella fría tarde de enero el destino había decidido devolverla a casa. Lloraba, reía de alivio.
Casi podía oler la esencia de canela que su abuela utilizaba para los pasteles. Las flores en la ventana. El ruido del tráfico que rodeaba la casa. Las tardes en el porche, a la luz de las velas, leyendo poesía, exponiendo teorías filosóficas. Casi podía volver a ver su cara. Si cerraba los ojos muy profundamente, sentía que podía tocarlo, sentirlo junto a ella. Por la noche, cuando despertaba sola en una cama vacía, le parecía sentirlo a su lado, sin tocarla. Casi le parecía escuchar su respiración profunda.
Ahora al fin volvía. A la cocina con olor canela, a las flores en la ventana. Ahora volvería a escuchar el tráfico y a pasar las tardes, leyendo y filosofeando a la luz de las velas mientras poco a poco anochecía más allá de su horizonte. Ahora ya nunca más tendría que cerrar los ojos para ver su rostro. No tendría que imaginar su respiración más.
Volvería al pasado de una cálida mañana de verano. Con él. Siempre con él. Volvería al olor, sabor, tacto del pasado.
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servido por carmen
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20 Diciembre 2010
Me veo a mi misma: vivo sola en un ático con grandes ventanales. La luz lo inunda todo. Vivo sola y soy feliz. Mi compañero más fiel es Lucca, un gran animal de pelaje color canela: mi perro.
Algunas noches comparto cama con mi maravilloso novio (hace ya muchos años que estamos juntos y la rutina nos relaja y nos hace estar bien en compañía). Otras noches duermo sola y mi pequeño cuerpo lo ocupa todo, dando vueltas en la cama de un lado a otro. Es una buena vida esta.
En verano se suceden las salidas, los viajes y escapadas al norte, a lugares con temperaturas más bajas que en Sevilla, la ciudad donde vivo. En invierno solo me apetece estar en casa, cubierta con un manta gorda y leer un buen libro. No salir en todo el día más que pasear a Lucca.
Mi vida profesional me deja tiempo para disfrutar de mi vida personal y eso es lo que hago: pasear por el río o salir a patinar los domingos. Ir al cine y pasear de la mano.
Sigo estudiando idiomas, italiano o alemán probablemente, pero ya no me lo tomo tan en serio. Hago yoga y meditación todos los días y llevo una vida, dentro de lo posible hoy en día: sana. No fumo ni bebo (aquellas noches de borrachera quedaron largo tiempo atrás) Claro que los fines de semana siempre esta bien salir y mover el esqueleto. O ir a comer a un restaurante caro. Tampoco faltan los fines de semana de scouts, ni algún que otro concierto de vez en cuando.
Me veo a mi misma: estoy escribiendo una novela. Por las tardes doy un curso de fotografía y me instruyo en el arte de crear. Me cocino todos los días (¡Al fin aprendí!) y hago la compra una vez a la semana.
Veo la lluvia caer pero también el sol alto en el cielo. Si. Me veo a mi misma: soy feliz. Y tú estás conmigo.
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Nos imagino a los dos. Vivimos en un piso vacío: solo un colchón en medio de la nada. Allí dormimos y hacemos el amor.
hay grandes ventanas: siempre grandes ventanas. Estamos ahí: con lluvia, con sol. Como aquellos Beattles en su Octupus's Garden. No tenemos dudas ni preocupaciones. Ni nadie que nos diga lo que tenemos que hacer. Solos: tú y yo. ¿No lo imaginas?
Las paredes vacías. Sin muebles. Sin ropajes tras los que escondernos.
Debemos buscar solo aquello que de verdad nos guste. Algo con historia y significado. Crear nuestro hogar será crear nuestra vida desde la cima. Lo que somos y lo que queremos ser. Soñar. Tal y como hemos hecho siempre. Pintar una habitación de rojo. Abrazarte y crear un Van Gogh enorme.
Una cómoda aquí, una fotografía allá.
La magia infantil comienza a desaparecer, reemplazada por los besos que nos damos, por los recuerdos de una vida juntos. Retazos de una gran manta de patchwork. Te quiero. ¿Lo sientes?
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23 Mayo 2010
BSO: Madre Deus
La sala de exposiciones estaba llena de intelectuales y artistas que, con una copa en la mano, se paseaban apreciando las fotografías del desierto.
Él, desde el fondo de la sala los observaba a todos mientras uno a uno, como atraídos por un fuerte imán que los seduciese, se acercaban al único cuadro inserto entre todas las fotografías. En dos ojos verdes. Una mirada. Y un velo.
Era la mejor obra que había realizado en su vida, pues no era arte. Era sentimiento. Amor. Poco a poco volvió a esa mirada, intentando rescatar todos aquellos momentos juntos, pero separados: la imposibilidad de tocarla le quemaba.
Con la cabeza embotada daba vueltas en la esterilla sin comprender qué le ocurría, dónde se hallaba.
Después de lo que le parecieron horas logró abrir los ojos, una leve ranura y la luz le inundó cegándolo. Tanto que la mente se le quedó en blanco por unos segundos. Notaba la lengua pastosa, el cabello grasiento. Los músculos agarrotados.
Estaba solo. El silencio a su alrededor lo hacía hundirse aún más en aquel mundo de tinieblas del que no quería salir.
Al fin comenzó a recordar. El desierto. Jordania.
La travesía que comenzaron tanto tiempo atrás. Pero, ¿Quienés? Como flashes las imágenes iban volviendo a su memoria. Con ello un dolor de cabeza que le provocaba ganas de gritar, si hubiera tenido fuerzas para ello... Sin embargo apenas podía moverse. ¿Qué le ocurría? ¿Por qué lo habían dejado solo?
Poco a poco su mente volvió a sumirse en la penumbra. En duermevela trataba de recordar quién era. Por qué se encontraba allí.
No sabía bien cuánto tiempo después, oyó pasos a su alrededor. Pasos fugaces. Al instante notó como alguien lo movía quedamente. De un respingo se volvió en el acto. Estaba asustado, aunque al fin lograba moverse. Reaccionar.
A su lado una joven chica vestida de vivos colores y con la cara cubierta por numerosos velos le acercaba un cuenco con comida.
Era morena por lo que podía ver de ella.
Y de repente en las dunas. Sobre camellos bebían y reían. Anna y él. Su hermana. Le hacía una foto frente a un atardecer maravilloso ¿Cómo lo había podido olvidar? Era fotógrafo, y acababa de realizar el viaje más maravilloso de su vida. Pero ¿Dónde estaba? Y ¿Dónde estaba ella?
La chica continuaba ofreciéndole el cuenco, la mirada inclinada. Ahora que el dolor de cabeza comenzaba a pasársele, comprendía lo hambriento que estaba. Agradecido tomó el cuenco pero la chica no se movió. De pronto notó que una rabia irracional lo llenaba.
-¿Quién eres? -gritó bien alto.- ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí?
Entonces la chica lo miró fijamente a los ojos. Unos ojos verde esmeralda que le cortaron la respiración. Ninguna palabra y él comprendió.
La caída, la impotencia y la rabia por lo que ocurría. La preocupación de Anna porque se alejase del oasis y del grupo. Su impaciencia por fotografiar el desierto vacío. Las dunas. Y sobre todo aquella pequeña gruta que vieran unas horas antes.
Su promesa de que no le iba a pasar nada, de que no era la primera vez que hacía algo así.
Y al llegar a la cueva los bandidos. La caída del camello. El dolor casi insoportable, y después. Nada.
Sólo aquella chica. Y él.
La siguiente vez que la vio, sin poder evitarlo, alzó la mano hacia ella. Quería tocarla. Necesitaba tocarla.
Pero ella, agitada se apartó sin pronunciar una palabra. Sus ojos lo decían todo.
Cuando llegó el rescate estaba solo en la cueva. Aún no sabía si ella era un sueño provocado por el dolor y la fiebre. O no, si por el contrario había estado allí, con él. Cuidándolo.
Encogiéndose de hombros volvió la mente a la exposición y a la pintura. Sin darse cuenta, se habían quedado solos.
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25 Febrero 2010
BSO: Road Trippin
Me gusta la lluvia.
Me gusta la lluvia porque me hace soñar, esperar.
Porque cuando llegue el sol y me abrace, me hará sonreir.
Me gusta tu ausencia.
Me gusta, sí, me gusta tu ausencia.
Me gusta por lo especial que es el día que estamos juntos.
Tú y yo. Nosotros.
Te huelo. Te saboreo sabiendo que mañana ya te habrás ido,
y que tu ausencia volverá a hacerme feliz.
¿Hace falta que te diga que esto es para ti? Mmmm... Sabes a miel.
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6 Febrero 2010
BSO: OST Flyboys
Las notas de música volaban por la sala. Tranquilas y armoniosas.
Todos bailaban y los pasos de unos se mezclaban con los movimientos de otros.
Era un baile de máscaras y joyas. Los vestidos de las damas, elegantes y largos, giraban al compás de la música del coro. Entallados a la cintura, anchos hasta rozar el suelo.
Gustosas, las damas cambiaban a su bailarín en busca de otro caballero que las hiciese girar sin parar. Las manos unidas y las miradas fijas, parpadeaban y trataban de escudriñar a su acompañante debajo de la máscara esperpéntica que les ocultaba los rasgos.
Ella bailaba divertida. Su vestido amarillo ondeaba a su alrededor mientras cambiaba de pareja una y otra vez, buscando a su amante. Buscándolo a él.
Allí, despojados de su identidad podrían encontrarse. Y sucumbir insensatos. Esa noche no eran más que mascaras.
Escudriñaba los rostros divertida, notando su mirada fija en ella allá donde se moviera, allá donde bailara. Aquella noche no descansaba, sentía una energía apabullante que la impulsaba a seguir.
Las parejas, situadas frente a frente, formaban un largo pasillo que giraba y giraba al son del coro.
¿Estaría allí? ¿Bailando con aquella elegante dama del vestido rojo? Quizás fuera aquel otro cuyas anchas espaldas sujetaban y dirigían como un experto bailarín a una dama azulada.
-¿Me buscabas?
Lo esperaba y al mismo tiempo lo temía. Hacia ya tiempo que se había rendido a esa noche de culto del cuerpo y ahora no podía más que dejarse llevar. Sus rasgos, bajo la máscara si apenas se podían imaginar, pero ella sabía que era él. Por ese, su olor. Por su manera de llevarla y tocarla.
Por su manera de tomarla.
La música se animaba cada vez más al son de las gaitas y las chicas dulces.
Él la llevaba y ella se dejaba llevar en un remolino de emociones y sensaciones que ya nunca podría olvidar. Su mano en su espalda haciendo esa leve presión que la hacía estremecerse. Sus cuerpos rozándose. Su aliento anhelante. Su cuello junto a sus labios que apenas podía sentir palpitante.
Su corazón desbocado, por lo prohibido de su acción.
Porque aquella noche no tenían identidad. Porque la noche pasaría y mañana ya nadie recordaría a aquellos bailarines que acomodados en paso recorrían la sala bajo la intimidad de dos máscaras.
servido por carmen
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